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IL POSTINO

IL POSTINO

sábado, 21 de noviembre de 2015

COMPROMISO: UEFA EURO 2016 FRANCE (La Conjura de los Necios, NOLA)


Escudriñó en su gran valija negra y me asaltó (casi literalmente) con pringosos ejemplares de Hombres y masas y ¡Ahora! y A las Barricadas y Agitación y Cambio y diversos manifiestos y panfletos pertenecientes a organizaciones de las que ella era el miembro más activo: Estudiantes por la Libertad, Juventud por el Sexo, Musulmanes Negros, Amigos de Lituania, Hijos del Mestizaje, Consejos de Ciudadanos Blancos. Myrna estaba, en fin, terriblemente comprometida con su sociedad; yo, por mi parte, más viejo y más sabio, estaba terriblemente descomprometido.

Había conseguido sacarle algo de dinero a su padre para venir a la universidad a ver cómo estaban las cosas "por el Sur". Desgraciadamente, me encontró a mí. El trauma de nuestro primer encuentro alimentó el masoquismo mutuo y desembocó en una especie de affaire (platónico, claro está). (Myrna era decididamente masoquista. Sólo era feliz cuando un perro policía hundía sus colmillos en sus leotardos negros o cuando la arrastraban por los pies escaleras abajo para sacarla de una audiencia del Senado.)

MI EXILIO (La Conjura de los Necios, NOLA)


Siempre he sentido, en cierto modo, una especie de afinidad con la gente de color, porque su situación es igual a la mía: nos hallamos fuera del círculo de la sociedad norteamericana. Mi exilio es voluntario, por supuesto. Es evidente, sin embargo, que muchos negros desean convertirse en miembros activos de la clase media norteamericana. La verdad es que no puedo entender por qué. He de admitir que este deseo suyo me lleva a poner en entredicho sus juicios de valor. Pero si quieren integrarse en la burguesía, no es asunto mío, en realidad. Pueden ratificar si quieren su propia condenación. Yo, personalmente, protestaría con todas mis fuerzas si sospechase que alguien intentaba auparme a la clase media. Lucharía contra el individuo descarriado que intentase auparme, desde luego. La lucha tomaría la forma de manifestaciones de protesta con los carteles y pancartas tradicionales, que, en este caso, dirían: "Muera la clase media", "Abajo la clase media". No me importaría tampoco lanzar uno o dos cócteles molotov. Además, evitaría meticulosamente sentarme junto a miembros de la clase media en restaurantes y en transportes públicos, manteniendo incólumes la honradez y la grandeza intrínsecas de mi ser. Si un blanco de clase media fuera lo bastante suicida como para sentarse a mi lado, imagino que le golpearía sonoramente en la cabeza y en los hombros con una manaza, arrojando, con suma destreza, uno de mis cócteles molotov a un autobús en marcha atiborrado de blancos de clase media con la otra. Aunque el asedio durase un mes o un año, estoy seguro de que al final me dejarían todos en paz, una vez evaluado el total de carnicería y destrucción de propiedad.

UN BAR EN CADA ESQUINA (La Conjura de los Necios, NOLA)


En los alrededores de Levy Pants hay un bar en cada esquina, indicio de que en la zona los salarios son abismalmente bajos. En calles en las que los habitantes están particularmente desesperados, hay hasta tres y cuatro bares en cada cruce.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

EN HONOR DE SU NOBLE ASCENDENCIA (La Conjura de los Necios, NOLA)


-Seguro* -dijo Ignatius, y sonrió-. Un poco de español en honor de su noble ascendencia.

*En español en el original.

IL POSTINO & THE LADY (La Conjura de los Necios, NOLA)


Ignatius (Il Postino), te he mimado ya bastante en nuestra correspondencia. No vuelvas a escribirme hasta que no te comprometas con los problemas del mundo, odio a los cobardes.

M. Minkoff
(Magda de Ottawa)

LA PARANOIA DE UN REY (La Conjura de los Necios, NOLA)


Dentro había un programa de un festival cinematográfico de verano de hacía un año. En la parte posterior del arrugado programa había escrita una carta con un tipo de escritura angulosa e irregular que constituía la caligrafía minkoffiana. La costumbre de Myrna de escribir más a editores que a los amigos siempre se reflejaba en el encabezamiento:

Señores:
¿Pero qué carta extraña y aterradora me has escrito, Ignatius?
¿Cómo voy a ponerme en contacto con la asociación de derechos civiles con las escasas pruebas que me has dado? No puedo entender por qué podría intentar detenerte un policía. ¡Pero si no sales de tu cuarto! Me había creído lo de la detención si no me hubieras contado también eso del "accidente de automóvil". Si te rompiste las muñecas, ¿cómo me pudiste escribir una carta?
Seamos sinceros el uno con el otro, Ignatius. No creo una palabra de lo que me dices. Pero tengo miedo... por ti. Esa fantasía de la detención tiene todos los rasgos paranoicos clásicos. Supongo que sabes perfectamente que Freud relacionaba la paranoia con las tendencias homosexuales.

-¡Marrana! -gritó Ignatius.

Sin embargo, no entremos en ese aspecto de la fantasía, porque sé lo riguroso que eres en tu oposición a la sexualidad de todo género. Aun así, tu problema emotivo es patente. Como fracasaste en aquella entrevista para el trabajo de profesor en Baton Rouge (echando la culpa de todo al autobús y a cosas parecidas, en una transferencia de culpa), es muy probable que sufras sentimientos de fracaso. Este "accidente" de automóvil es una nueva muleta para excusar tu existencia absurda e impotente. Tienes que 'identificarte' con algo, Ignatius, te lo he dicho muchas veces, tienes que participar en los problemas cruciales de estos tiempos.

-Puaf -bostezó Ignatius.

Subconscientemente, crees que debes intentar explicar tu fracaso, como intelectual y como soldado de las ideas, en participar activamente en movimientos de crítica social. Por otra parte, una experiencia sexual satisfactoria purificaría tu mente y tu cuerpo. Necesitas desesperadamente una terapia sexual.

SANTERÍA (La Conjura de los Necios, NOLA)


-Paré en Lenny's y le compré un par de cuentas muy bonitas llenas de agua de Lourdes.

-Santo cielo. Lenny's. En mi vida he visto una tienda en la que haya tantos amuletos y hechizos religiosos. Sospecho que esa joyería será escenario de un milagro de aquí a poco. Quizás el propio Lenny ascienda a los cielos.

-A la señora Annie le encantaron las cuentas, hijito. Se puso a rezar el rosario inmediatamente.

-Era mejor que conversar contigo, sin duda.