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IL POSTINO

IL POSTINO

jueves, 3 de diciembre de 2015

LOCO COMO DANTE (La Conjura de los Necios, NOLA)


-¿Pero qué dice ese loco? -dijo Santa-. Por Dios, Irene. Sería mejor que llamases cuanto antes a ese hospital, querida.

-Vamos a darle otra oportunidad. Quizá tenga suerte.

ME ENAMORÉ DE UNA VAMP (La Conjura de los Necios, NOLA)


Ignatius se despidió muy feliz y se alejó. Por fin, tenía una razón para ganar dinero: Harlett O'Hara. Enfiló la desgastada proa del carro hacia la rampa del transbordador de Algiers, donde se reunían por la tarde los estibadores. Gritando, suplicando, metió el carro entre aquella multitud de hombres y logró vender todas las salchichas, vertiendo cortés y efusivo salsa de tomate y mostaza en los bocadillos con toda la energía de un bombero.

Qué día magnífico. Los signos de Fortuna eran más que prometedores. El señor Clyde recibió sorprendido un alegre saludo y diez dólares del vendedor Reilly, e Ignatius, con el bolsillo lleno de billetes del golfillo y del magnate de las salchichas, cogió el tranvía con ánimo alegre.

VIDA DE VAGABUNDO: SUERTE DE MENDIGO (La Conjura de los Necios, NOLA)


-Eh, escuche -dijo Jones-. Antes de íse, dígame una cosa. ¿Qué puede hacé un tipo de coló para dejá de sé vagabundo o dejá de trabajá por menos del salario mínimo?

-Por favor. -Ignatius apartó su ropón para hallar el bordillo y levantarse-. No puede usted hacerse idea de la confusión en que se halla. Todos sus juicios de valor son erróneos. Cuando llegue a la cima o a donde pretende usted llegar, tendrá una crisis nerviosa, o algo peor. ¿Sabe de algún negro que tenga una úlcera? No, claro que no. Viven contentos en sus cuchitriles. Agradezca a Fortuna no tener ningún padre caucasiano atosigándole. Lea a Boecio.

-¿Quién? ¿Que lea qué?

-Boecio le demostrará que esforzarse y luchar es, en último término, absurdo. Que tenemos que aprender a aceptar. Pregúnteselo a la señorita O'Hara.

-Escuche. ¿Le gustaría a usté sé vagabundo y está parao la mitá del tiempo?

-Sería maravilloso. Yo mismo fui vagabundo en tiempos mejores, en tiempos más felices. Ay, si estuviera yo en su pellejo. Sólo saldría de mi habitación una vez al mes. A buscar al correo el cheque de la seguridad social. Piense un poco en la suerte que tiene.

Aquel gordo desgraciado estaba loco, no había duda.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

DECHADO DE VIRTUDES (La Conjura de los Necios, NOLA)


-¿Tienen ustedes, por un casual, en esa pocilga una mujer que es dada a la lectura?

-Sí. Anda dándome siempre cosas de leé. Me dice que he de cultívame. Es muy buena.

-Oh, santo Dios. -Los ojos azul y amarillo resplandecieron-. ¿Hay algún modo de que pueda yo conocer a ese dechado de virtudes?

Jones se preguntó qué demonios querría decir todo aquello. Al fin dijo:

-¡Jua! Si quiere usté vela, tendrá que vení por aquí alguna noche. Y la verá bailá con su pajarito.

-¡Dios santo! ¿No me diga que ella es esa Harlett O'Hara?

-Sí. Ella es Harlett O'Hara. Sí que lo es.

-Boecio más un pajarito -murmuró Ignatius-. Qué descubrimiento.

-El estreno será dentro de un par o tres de días. Tiene usté que vení. La mejó actuación que he visto en mi vía. ¡Jua!

-Me lo imagino, sí -dijo respetuoso Ignatius.

Una inteligente sátira del Viejo Sur decadente representada ante el inconsciente y despreciable público del Noche de Alegría. Pobre Harlett.

-Y dígame, ¿qué clase de pajarito es ese que tiene?

-¡Hombre! Eso yo no puedo decilo. Tiene que verlo usté. Este número es una gran sorpresa. Harla dice además unas cosas. No es un número de striptease normal. Harla habla.

Dios santo. Algún comentario incisivo que nadie de entre el público podría captar plenamente. Tenía que ver a Harlett. Debían comunicarse.

UN BLANCO COMO TÚ (La Conjura de los Necios, NOLA)


-¿Cómo ha acabao un blanco como tú, que habla tan bien, vendiendo salchichas?

-Echa el humo para otro lado, por favor. Mi sistema respiratorio no funciona, por desgracia, a pleno rendimiento. Sospecho que eso se debe a que la concepción fue particularmente débil por parte de mi padre. Debió emitir el esperma de forma un tanto descuidada.

Esto es una suerte, pensaba Jones. El tipo gordo había caído del cielo justo cuando más le necesitaba.

-Tú estás chiflao, hombre. Tendrías que conseguí un buen trabajo, un Buick grande, toa esa mierda. ¡Jua! Aire acondicionado, tele en coló...

-Tengo una ocupación muy agradable -contestó gélidamente Ignatius-. Trabajo al aire libre, sin supervisión. Lo único malo son los pies.

-Si yo hubiera ido a la universidá no estaría luego arrastrando un carro de salchichas y vendiendo por ahí mierda y basura a la gente.

-¡Por favor! Los productos Paraíso son de la calidad más excelsa. -Ignatius golpeó el bordillo de la acera con el sable-. Nadie que trabaja en este bar dudoso está en condiciones de criticar el trabajo de otro.

-Qué coño, ¿a ve si cree usté que a mí me gusta el Noche de Alegría? ¡Pues sí! A mí me gustaría trabajá en otro sitio. Me gustaría conseguí algo bueno en otra parte, un empleo remunerao con un salario pa viví.

-Justo lo que sospechaba -dijo furioso Ignatius-. En otras palabras, lo que usted quiere es convertirse en un perfecto burgués. Les han lavado el cerebro a todos ustedes. Supongo que le gustaría convertirse en un triunfador, un hombre de éxito, o algo igual de ruin.

-Oiga, no me tome el pelo. ¡Jua!

-La verdad es que no tengo tiempo para discutir los errores que encierran sus juicios de valor.

martes, 1 de diciembre de 2015

CONVERTIDO EN UNA ESPECIE DE MÁRTIR (La Conjura de los Necios, NOLA)


-¡Jua! En Levy Pants te echaron a patás en el culo por intentá meté a toa aquella gente de coló de cabeza en la cárcel, ¿verdá?

-¿Cómo estás tú enterado de eso? -preguntó receloso Ignatius-. ¿Participaste acaso en aquel golpe abortado?

-No. Pero oí hablá a la gente.

-¿De verás? -preguntó Ignatius muy interesado-. Debieron mencionar, sin duda, mi apostura y mi porte. Así pues, soy reconocible. No sospechaba yo que me hubiera convertido en una leyenda. Quizá me precipité demasiado al abandonar el movimiento.

Ignatius estaba encantado. Aquel día estaba resultando estupendo, después de tantas jornadas deprimentes.

-Probablemente me haya convertido en una especie de mártir.

SU MUJER ERUDITA (La Conjura de los Necios, NOLA)


Comió un bocadillo de salchicha con manos temblorosas y atisbó la fotografía que tenía en el bolsillo. Desde arriba, la figura de la mujer parecía aún más firme, más de matrona. ¿Una profesora de historia romana arruinada, quizás? ¿Una medievalista sin trabajo? Si enseñase la cara. Tenía un aire de soledad, de distanciamiento, de placer sensual solitario y erudito que le atraía muchísimo. Examinó el trozo de papel de envolver donde había una dirección. Calle Bourbon. Aquella mujer extraviada estaba en manos de explotadores comerciales. Qué personaje ideal para el Diario. Aquella obra, pensaba Ignatius, se quedaba un poco corta en el apartado sensual. Necesitaba una buena inyección de alusiones insinuantes. Quizá las confesiones de aquella mujer pudieran animar un poco la cosa.

Entró en el Barrio Francés y, durante un instante, incontrolable y muy fugaz, caviló sobre una cuestión. Sobre cómo mordería Myrna el borde de la taza de exprés, muerta de envidia. Describiría cada instante de sensualidad con su mujer erudita. Dados sus antecedentes y su visión bocciana del mundo, aquella mujer vería con un criterio muy estoico y fatalista las torpezas y disparates sexuales que pudiera cometer. Sería comprensiva. "Sé buena", le diría Ignatius en un suspiro. Myrna probablemente abordase el sexo con la misma vehemencia y la misma seriedad con que se lanzaba a la protesta social. Cómo se angustiaría cuando Ignatius describiese sus más tiernos placeres.

"¿Me atrevo?", se preguntó Ignatius, lanzando, distraído, el carro contra un coche aparcado. La manija se le hundió en el estómago y eructó. No le explicaría a la mujer cómo había conseguido localizarla. Hablarían primero de Boecio. Ella se quedaría abrumada.