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IL POSTINO

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sábado, 8 de mayo de 2010

EL COMPROMISO QUE LA GENTE DECIDA

Alejandro Encinas establece que la Izquierda debe ir unida, y pone en claro que habrá un interés democrático y popular en la selección del candidato del PRD.

No se espera el chantaje de quién moviliza gente para desquiciar acciones de gobierno de otro o para marcar una supuesta superioridad por llenar el Zócalo, aprovechando una ventaja en la organización pre-electoral que los otros no pueden darse. Fox también empezó su campaña con mucha anticipación, y gana, pero precisamente mucha gente comprobó y demostró las carencias de Fox, entre ellos principalmente López Obrador, al ver que era "producto chatarra" o "fenómeno mercadológico".

Tampoco se espera que el dinero o las relaciones de poder de los que se encuentran en el presupuesto intervengan en elegir al candidato del PRD. Y también, es obvia la ventaja que tienen Marcelo, Amalia, Godoy, Navarrete y otros, por manejar verdaderas relaciones de poder, y no sueños guajiros.

Pero la legitimidad del candidato del PRD debe salir de la gente, exclusivamente de la gente, se deben sostener debates, todos se deben presentar en el Zócalo que no es para presentación exclusiva de un candidato.

Se debe pensar en un Plan B si la competencia está reñida, e invitar al proceso a Juan Ramón de la Fuente, Woldenberg y Marcelino Perello con su Alternativa por México, porque la Izquierda no debe excluir y debe dar voz a todos los ciudadanos, y al diverso espectro político que lo constituye.

Encinas, con mucha sabiduría, y en el momento justo, desenreda el tinglado:

"No es un asunto a ceder, hay que asumir el compromiso de que la gente decida. Hay mil formas de establecer los mecanismos para que los ciudadanos opten"

"Andrés Manuel con el Partido del Trabajo y Convergencia, y Marcelo Ebrard, Juan Ramón de la Fuente o Amalia García por el PRD, eso sería cavar la sepultura del proyecto de izquierda, y creo que todos los interesados en compartirlo lo tenemos claro"

"No veo a Andrés Manuel López Obrador compitiendo solo por el PT ni a Marcelo Ebrard solo con el PRD. Simple y sencillamente no alcanza y si queremos pensar en un proyecto competitivo necesariamente tenemos que ir unidos"

Marcelo Ebrard fue contundente y para que se oiga lejos: "¡no más conflictos!"

Por lo que se desea el escenario que pinta Ebrard:
“Una sola candidatura, un solo sueño que compartir. Una esperanza para México y muchos sectores, otros partidos que hoy están colaborando y participando, organizaciones y, sobre todo, muchos ciudadanos que hoy no están militando en nuestro partido entonces van a estar cerca de nosotros, porque tenemos algo que ofrecer, que vale la pena”.
“Van dos, nunca más (que les arrebaten una Presidencia de la República, como ocurrió, dijo, con Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador). La siguiente depende de nosotros. El tiempo es ahora y vamos a tomar la decisión, la oportunidad y asumir nuestra responsabilidad, porque cuando se tiene un sueño nada nos va a poder vencer”

¡ Democracia Ya, Patria para Todos !

jueves, 17 de diciembre de 2009

EN PLENA ACCIÓN COMUNICATIVA

EL FILÓSOFO Y EL JERARCA RELIGIOSO


(FUERA DE ATENDER A LA FARÁNDULA POR SU TRABAJO

EL PAPA SE REGOCIJA CON LA CULTURA PARA DESCANSAR)
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¿En qué creen los laicos?
Un problema de los laicos, comenzó Habermas, es que tienen dificultades para afirmar valores sin recurrir a los respaldos trascendentes o confesionales que pretenden negar. La secularización —vale decir, el proceso de replanteo en términos laicos del antiguo universo conceptual de la cultura religiosa— amenaza con vaciar el sentido mismo de esos conceptos que son también valores. ¿Cómo se justifican, por ejemplo, el derecho y el Estado? Esta pregunta fundamental para la política constituyó el centro de la discusión en Baviera. Desde la filosofía de Habermas, una variante del liberalismo político, el respaldo de las instituciones ya no puede ser religioso o metafísico: debe ser racional. La ley que regula al Estado se fundamenta en las mismas condiciones que hacen posible el diálogo entre ciudadanos, quienes están involucrados de una u otra forma en el procedimiento legislativo. La argumentación es la fábrica de legitimidad del sistema.
En esta visión, es el propio proceso democrático el que genera el imprescindible consenso hacia un sistema que pretende apoyarse no tanto en la represión que en el acuerdo más imaginario que real de sus integrantes. Una derivación importante es que el Estado democrático evita dar instrucciones sobre la felicidad o fijar orientaciones acerca del sentido de la vida. Es neutral, dice Habermas, respecto de las visiones del mundo. Sus ciudadanos pueden adoptar la que prefieran; son libres de pensar y actuar como quieran siempre que respeten la legalidad vigente.
Pero el verdadero problema —que, hay que decirlo, no empezó a preocupar a Habermas en el momento en que se encontró a debatir con Ratzinger sino mucho antes— se perfila ahora con claridad, pues ¿qué motivará a estos ciudadanos laicos, posmetafísicos, individualistas a participar en política o a sacrificar algo de lo propio en aras de un interés común? La razón puede justificar, pero no basta para motivar, aclaró Habermas. Y es aquí donde halla un espacio para que la religión haga su aporte a la cultura democrática moderna con la que vive en disenso a la vez perpetuo y, según él, tolerable. Este tono desconcertó a los comentaristas. ¿El heredero de la tradición radical de Frankfurt, el defensor de la Ilustración y del progresismo se aprestaba ahora a un giro religioso ante un cardenal oscurantista?