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IL POSTINO

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domingo, 28 de julio de 2013

LLEVA VARIAS SEMANAS CON PROBLEMAS NERVIOSOS

 - Bueno, lo cierto es que -dijo él, pensativo-, la gente tiene poco que hacer. Pero, mi querida Elinor, ¿qué le pasa a Marianne...? Tiene un aspecto muy desmejorado, ha perdido hasta el color y se está quedando muy delgada. ¿Está enferma?

 - No está bien, lleva varias semanas con problemas nerviosos.

 - Lo siento mucho. ¡En la edad que tiene, cualquier enfermedad deshace la lozanía para siempre! ¡La suya ha sido tan corta...! El septiembre pasado era una muchacha muy bella, como pocas, que podía atraer a los hombres. Había algo en su estilo de belleza para satisfacerles en particular. Recuerdo que Fanny solía decir que ella se casaría antes y mejor que usted; ella le tiene a usted mucho cariño, pero resultó que dijo eso. A pesar de todo se confundió. Me pregunto si Marianne se casará con un hombre que valga más de cinco mil o de seis mil al año ahora, como mucho, y me lamentaré mucho si usted no se casa mejor.

NO DESPERTAR NINGÚN INTERÉS

El desinterés calmado y educado de lady Middleton en aquella ocasión fue un feliz alivio para los ánimos de Elinor, oprimidos como estaban a veces por la amabilidad clamorosa de los otros. Fue una gran alegría para ella estar segura de no despertar ningún interés en una persona al menos de su círculo de amigos, un gran alivio saber que había una persona que no sentiría ninguna curiosidad por los detalles al verla, ni ninguna ansiedad por la salud de su hermana.

UN ENCUENTRO INEVITABLE

 - (...) ¿Ha visto alguna vez al señor Willoughby desde que nos dejó en Barton?

 - Sí -contestó él-, una vez lo vi. Un encuentro inevitable.

Elinor, asustada por su estado, le miró con ansia y le dijo:

 - ¿Qué? ¿Se lo ha encontrado con...?

 - No le habría visto de otro modo. Eliza me confesó, aunque muy reacia, el nombre de su amante, y cuando él regresó a la ciudad, que fue quince días después de que yo hubiera venido, quedamos, él para defenderse, yo para reprobar su conducta. Resultamos ilesos, y así nunca se supo nuestro encuentro.

Elinor suspiró ante la necesidad antojadiza de este encuentro, pero no intentaba censurárselo a aquel que era hombre y soldado a la vez.

sábado, 27 de julio de 2013

QUE YO UNA VEZ IDOLATRÉ

(...) A duras penas podía distinguir en la figura melancólica y enfermiza que tenía ante mí a aquella chica adorable, alegre y sana, que yo una vez idolatré. Lo que sufrí al verla así... pero no tengo derecho a herir sus sentimientos intentando describirlo... Ya la he hecho sufrir mucho. El hecho de que estuviera, con toda seguridad, en el último estado de consunción, era... sí, en una situación así, era mi mayor alivio. La vida no podía hacer nada por ella, aparte de darle tiempo para una mejor preparación ante la muerte, y así sucedió. Hice que la trasladasen a los mejores alojamientos, con los mejores cuidados; la visité cada día durante el resto de su corta vida; estuve con ella en sus últimos momentos...

EL MAYOR ACTO DE AMISTAD HACIA MARIANNE

 - No entrará, ya que la señora Jennings no está en casa.

 - No confiaré en eso -dijo retirándose a su habitación-. Un hombre que no tiene nada que hacer en su propio tiempo no es consciente de su intrusión en el de los demás.

El hecho probó que la conjetura era cierta, a pesar de que estaba infundado en la injusticia y en el error, ya que el coronel Brandon entró realmente, y Elinor, que estaba convencida de que su preocupación por Marianne le había llevado hasta allí, observó esa preocupación en su aire perturbado y melancólico, y en su breve pero ansioso interrogatorio por ella, no podía perdonar que su hermana le estimara tan poco.

 - Me encontré a la señora Jennings en Bond Street -dijo él, tras el primer saludo-, y me ha animado a venir, y fui el primero que estuvo dispuesto a hacerlo, ya que pensé que sería probable que la encontrase a usted sola, algo de lo que estaba muy deseoso. Mi objeto... Mi deseo... Mi solo deseo... Espero, creo que es... Es ser un mediador de consuelo; no, no debo decir consuelo... no consuelo actual... sino convicción, una última convicción para la mente de su hermana. Mi aprecio hacia ella, hacia usted, hacia su madre... me permitirá que lo pruebe, relatando algunas circunstancias, que solamente un aprecio muy sincero... que sólo un serio deseo de ser útil... creo que me justifica a hacer... a pesar de que cuando tantas horas he pasado tratando de convencerme a mí mismo de que tengo razón, ¿no cabría temer que puede que me equívoque? -se detuvo.

 - Le entiendo -dijo Elinor-. Tiene usted algo que contarme del señor Willoughby, que hará que su personalidad sea más evidente. El hecho de que me lo diga será el mayor acto de amistad que se pueda mostrar a Marianne. Mi gratitud se verá asegurada de inmediato ante cualquier noticia que tenga ese fin, y la de ella le será concedida con el tiempo. Dígame, deje que lo sepa.

NINGÚN IDIOMA PODRÍA HABER EXPRESADO

Ningún idioma podría haber expresado, ni en la lucidez de sus momentos de feliz elocuencia, la crueldad de la señora Jennings, y en aquel momento sólo podía reprochárselo con lágrimas, que fluían de sus ojos con una violencia apasionada... una acusación, de todas formas, tan perdida en su objeto que tras mostrar varias veces que lo sentía, se retiró, aún refiriéndose a la carta de consuelo. Pero la carta, cuando estuvo lo suficientemente calmada para leerla, le aportó poco consuelo. Willoughby llenaba cada página. Su madre, que aún confiaba en su compromiso, y confiando tanto como siempre en la constancia de éste, sólo había sacado de la solicitud de Elinor suplicarle a Marianne una actitud más abierta hacia ambas; y esto, tanta ternura hacia ella, tanto afecto que sentía por Willoughby y tanta certeza de que tendrían un futuro feliz juntos, hizo que Marianne llorase con agonía de principio a fin.

viernes, 26 de julio de 2013

PARECE TENER EL CORAZÓN DE PIEDRA

 - Así es. Pero, ¿ha oído del mismo modo que la señorita Grey tiene cincuenta mil libras? En eso podríamos encontrar la explicación, si es que pudiéramos encontrar alguna.

 - Debe ser así, pero Willoughby es capaz... o al menos eso pienso -paró un momento, y después añadió con un tono que parecía receloso-: Y su hermana... Cómo es que ella...

 - Sus sufrimientos han sido muy duros. Sólo me cabe esperar que se prolonguen poco en proporción. Ha sido... es una desgracia de lo más cruel. Hasta ayer, creo, nunca dudó de su amor, e incluso ahora, tal vez... pero yo estoy totalmente segura de que él nunca la quiso realmente. ¡Ha sido un completo embustero! Y en algunas cosas, parece tener el corazón de piedra.

 - ¡Ay! -dijo el coronel Brandon-. ¡Así es, realmente! Pero su hermana no... Creo que ha dicho usted eso... Ella no lo considera así, como usted, ¿no?

 - Ya conoce usted su disposición, y créame si le digo que todavía le justificaría si pudiera. 

UN DÍA DE ESCLARECIMIENTO GENERAL

 - Marianne no está bien -dijo-, Ha estado todo el día indispuesta, y la hemos convencido para que se fuera a la cama.

 - A lo mejor entonces -respondió él, titubeando-, lo que he oído esta mañana puede que sea cierto... Puede que haya más verdad en ello de lo que yo creía posible al principio.

 - ¿Qué ha oído?

 - Que un caballero, del cual tengo razones para pensar a quién se refiere... En breve, que un hombre, que yo sabía que estaba comprometido... Pero, ¿cómo he de decírselo? Si usted lo supiera ya, como seguramente pase, no hace falta que se lo diga.

 - Quiere usted decir -respondió Elinor con una calma forzada-, el matrimonio del señor Willoughby con la señorita Grey. Sí, ya lo sabemos todo. Este parece haber sido un día de esclarecimiento general, ya que esta mañana nos enteramos. ¡El señor Willoughby es incomprensible! ¿Dónde se enteró?

 - En una papelería de Pall Mall, donde tenía cosas que hacer. Dos mujeres esperaban su carruaje, y una de ellas le contaba a la otra la supuesta boda, en un tono que huía tanto de ocultar algo, que me fue imposible no oírlo todo. El nombre de Willoughby, de John Willoughby, que se repitió con frecuencia, fue lo primero que llamó mi atención, y a esto le siguió una afirmación de que todo estaba finalmente arreglado con respecto a su matrimonio con la señorita Grey... No sería ya más un secreto...

jueves, 25 de julio de 2013

CONSTANTIA: SUS PODERES DE CURA A UN CORAZÓN CONTRARIADO


- Querida -dijo, al entrar-, acabo de acordarme de que tengo un poco del mejor vino añejo "Constantia" en casa, que haya probado jamás; así que he traído un vasito para su hermana. ¡Mi pobre esposo! ¡Cómo le gustaba! En cuanto tenía un ataque de gota biliar, decía que le beneficiaba más que cualquier otra cosa en el mundo. Déselo a su hermana.

 - Estimada señora -respondió Elinor, sonriendo ante la diferencia de dolencias para las que este vino estaba preescrito-, ¡qué buena es usted! Pero acabo de dejar a Marianne en la cama y, espero, que casi dormida, y como creo que nada le hará mejor servicio que descansar, si me lo permite, me beberé el vino yo.

La señora Jennings, aunque quejándose de no haber llegado cinco minutos antes, se quedó satisfecha con el acuerdo, y Elinor, mientras que se bebía la mayor parte del vino, pensó que, a pesar de sus buenos efectos para la gota, eran por el momento, poco importantes para ella, sus poderes de cura a un corazón contrariado podrían ser probados del mismo modo en ella que en su hermana.

A RÍO REVUELTO, GANANCIA DE PESCADORES

 - Bueno, querida, es cierto que a río revuelto, ganancia de pescadores, porque ahora será un buen momento para el coronel Brandon. La conseguirá al final, seguro que sí. Repróchemelo si no están casados a mediados de verano. ¡Señor! ¡Cómo va a reírse cuando se entere de las últimas noticias! Espero que venga esta noche. Será la mejor de las elecciones para su hermana. Dos mil al año sin deudas o cargas... excepto por la pequeña criatura; sí, la había olvidado, pero se la puede poner de aprendiz con bajos costes, y así, ¿qué puede eso suponer? Delaford es un bonito lugar, se lo aseguro; exactamente lo que yo llamo un lugar antiguo a la moda, lleno de comodidades y de ventajas, con un jardín tapiado en el que están los mejores árboles frutales del campo. ¡Y qué morera hay en una esquina! ¡Señor! ¡Cómo nos atiborramos Charlotte y yo el poco tiempo que estuvimos...! Además, hay un palomar, un estanque con peces y un canal precioso, y todo lo que se pudiera desear. Está cerca de la iglesia y a sólo una cuarta milla del camino de peaje; así que nunca es aburrido, ya que, si simplemente te sientas en una vieja pérgola de tejo que hay detrás de la casa, puedes ver todos los carruajes que pasan. ¡En fin! ¡Es un sitio tan bonito...! Un carnicero cerca, en el pueblo, y la casa del párroco a un tiro de piedra. Para mi gusto, mil veces más bonito que Barton Park, donde se ven forzados a que se recorran tres millas para poder llevar la carne, y el único vecino cercano es tu madre. Bueno, animaré al coronel en cuanto pueda. Ya se sabe que un clavo saca otro clavo. ¡Con que podamos sacarle a Willoughby de la cabeza...!

DEBE SER TERRIBLE PARA USTED ESCUCHARLO NOMBRAR

 - ¡Oh, Señor! Qué razón tiene. Debe ser terrible para usted escucharlo nombrar, y en cuanto a su hermana, estoy segura de que no mencionaré ni una palabra al respecto ante ella por nada del mundo. Ya vio que no lo hice durante la cena. Ni tampoco lo harán sir John o mis hijas, ya que son muy atentos y considerados, sobre todo si yo se lo insinúo, como seguro que haré. Por mi parte, creo que cuanto menos se diga con respecto a esos asuntos, mejor; así todo acabará y se olvidará antes. ¿Y qué bien hace hablar, de cualquier modo?

 - En este asunto sólo puede hacer daño, tal vez más que en casos parecidos, ya que lo acompañan unas circunstancias que, por el bien de todos los que están involucrados, es mejor no hacerlo tema de conversación común. Debo hacerle este favor al señor Willoughby... y decir que no ha roto ningún compromiso con mi hermana.

¡ASÍ QUE LA CARTA QUE LLEGÓ HOY ACABÓ CON TODO!

 - Querida señora, esta amabilidad es bastante innecesaria. Creo que Marianne no saldrá de su habitación otra vez por esta tarde. Si puedo la convenceré para que se vaya pronto a la cama, ya que estoy segura de que le falta descanso.

 - Sí, creo que eso será lo mejor para ella. Que diga lo que quiere cenar y que se acueste. ¡Señor! No me extraña que tuviese tan mal aspecto y que haya estado tan desganada desde hace una o dos semanas, pues supongo que llevará dando vueltas a este asunto durante ese tiempo. ¡Así que la carta que llegó hoy acabó con todo! ¡Pobre criatura! Le aseguro, por todo mi dinero, que si hubiera sabido algo del tema no me habría reído de ella por ello. Pero, ¿cómo habría yo adivinado una cosa así? Estaba segura de que no era más que una carta de amor común, y ya se sabe que a la gente joven le gusta que se ría uno de estas cosas. 

CURAR UN MAL DE AMORES

(...) De no haber visto Elinor un freno a su pesar, en el triste rostro de su hermana, se podría haber divertido con los esfuerzos que hizo la señora Jennings por curar un mal de amores mediante una gran variedad de dulces y aceitunas, y un buen fuego. A pesar de todo, tan pronto como Marianne fue consciente de todo por tanta repetición, no pudo quedarse más. Con una rápida exclamación final, y haciéndole un gesto a su hermana para que no la siguiera, se levantó directamente y se apresuró fuera de la habitación.

 - ¡Pobre criatura! -exclamó la señora Jennings, tan pronto como salió-. ¡Cómo me duele verla! ¡Y además se ha ido sin acabarse la copa de vino! ¡Ni las cerezas secas! ¡Señor! Nada parece hacerle ningún bien. Estoy segura de que si supiera de algo que le gustase, mandaría buscarlo por toda la ciudad. Bueno, ¡es la peor de las cosas para mí que un hombre utilice a una bella jovencita vilmente! Pero cuando hay mucho dinero por un lado, y no se fija para nada en el otro, ¡que Dios nos ampare! ¡No se preocupan más por otras cosas!

miércoles, 24 de julio de 2013

¿DÓNDE ESTABA TU CORAZÓN?

 - ¡Esto es demasiado! ¡Oh! Willoughby, ¿Puede acaso ser esto tuyo? Cruel... nada puede absolverte. Elinor, nada puede absolverle. Sea lo que fuere que haya oído en contra mía... ¿No tendría que haber dudado? ¿No tendría que habérmelo dicho y otorgarme el poder de aclarárselo? "El mechón de su cabello (repitiendo de la carta) que me entregó tan atenta...", eso es imperdonable. Willoughby, ¿dónde estaba tu corazón cuando escribiste esas palabras? ¡Oh! ¡Bárbara insolencia...! Elinor, ¿puede acaso tener justificación alguna?

 - No, Marianne, de ningún modo.

 - Y aún así esta mujer... quién sabe cuáles pueden haber sido sus artes... ¡Durante cuánto tiempo puede haberlo premeditado! ¿Quién es ella...? ¿Quién puede ser? ¿Sobre cuál de sus conocidas le pude oír decir que era una joven atractiva...? ¡Oh!, de ninguna... sólo me hablaba de mí misma.

SEA QUIEN SEA TU DETESTABLE ENEMIGO

 - Elinor, me han usado cruelmente, pero no Willoughby.

 - Querida Marianne, ¿Por quién sino por él? ¿Quién puede haberle instigado?

 - Todo el mundo, más que su propio corazón. Antes creería que todas las criaturas que conozco se han unido para arruinar su opinión de mí que creer que su naturaleza es capaz de tanta crueldad. Esta mujer sobre la que escribe... sea quien sea... o cualquier otro, en poco tiempo, salvo tú, querida mamá, y Edward, pueden haber sido tan bárbaros como para calumniarme. Aparte de vosotros tres, ¿hay alguna criatura en el mundo de la que no vaya a sospechar que sea peor que Willoughby, cuyo corazón conozco tan bien?

Elinor no quería discutir y sólo respondió:

 - Sea quien sea tu detestable enemigo, dejemos que se burlen de su maligno triunfo, mi querida hermana, haciéndole ver cómo lo noble de la consciencia de tu propia inocencia apoya tus ánimos. Es un orgullo razonable y loable que resiste una malevolencia semejante.

EL MÁS OSCURO ARTE EMPLEADO CONTRA MÍ

 - Me sentía -añadió ella-, tan solemnemente comprometida con él como si nos hubiera unido el convenio legal más estricto.

 - Lo creo -dijo Elinor-, pero desafortunadamente él no sentía lo mismo.

 - Él realmente sentía lo mismo, Elinor... Durante semanas y semanas lo sintió. Sé que lo hizo. Sea lo que fuere que le ha cambiado ahora (y solamente el más oscuro arte empleado contra mí puede haberlo ocasionado), una vez le fui tan querida como mi propia alma podría desear. Este mechón de cabello, del que ahora puede deshacerse tan rápidamente, me lo pidió con las súplicas más fervientes. ¡Viste su mirada, sus modales, oíste su voz en ese instante! ¿Acaso has olvidado la última tarde que estuvimos en Barton? ¡Y también la mañana en que nos separamos! Cuando me dijo que tal vez pasarían muchas semanas antes de que nos volviéramos a ver... su inquietud... ¡Podré olvidar alguna vez su inquietud...!

UNA MISERIA QUE NADA SE PUEDE LLEVAR

 - ¡Oh Elinor! Soy realmente desgraciada.

Elinor no pudo presenciar este torrente de dolor resistido en silencio.

 - Haz un esfuerzo, querida Marianne -gritó ella-, si no quieres matarte a ti y a todos los que amas. Piensa en tu madre, piensa en su miseria mientras tú sufres, por ella debes hacer un esfuerzo.

 - No puedo, no puedo -exclamó Marianne-, déjame, déjame si te incomodo, ¡déjame, ódiame, olvídame! Pero no me tortures así. ¡Oh! ¡Qué fácil es hablar de esforzarse para aquellos que no tienen por lo que sufrir! Alegre, alegre Elinor, tú no puedes tener ni idea de lo que sufro.

 - ¿Me llamas a mí alegre, Marianne? ¡Ay! ¡Si tú supieras!... ¡Y cómo puedes creer que lo esté mientras te veo tan desdichada!

 - Perdóname, perdóname -lanzándose a los brazos de su hermana-, sé cuanto lo sientes por mí, sé bien el corazón que tienes, pero aún así tú estás alegre, tú debes estar alegre; Edward te quiere... que, ¡eh! ¿qué puede estropear una felicidad como esa?

 - Muchas, muchas circunstancias -dijo Elinor con solemnidad.

 - No, no, no -gritó Marianne enloquecida-, él te ama, y sólo a ti. No puedes sentirte mal.

 - No puedo sentirme bien mientras te vea en este estado.

 - Y nunca me verás de otro modo. La mía es una miseria que nada se puede llevar.

 - No debes hablar así, Marianne. ¿Acaso no tienes comodidades? ¿Y amigos? ¿Es tal tu pérdida que no deja una puerta abierta al consuelo? Tanto como sufres ahora, piensa en lo que habrías sufrido de haber descubierto su carácter con posteridad... Si vuestro compromiso se hubiera alargado durante meses y meses, como hubiera podido ser, antes de que él hubiera decidido ponerle fin. Todos los días nuevos de confianza infeliz, por tu lado, habrían hecho que el golpe fuera más terrible para ti. 

LA CARTA DE LA INFAMIA

Mi querida señora:

Acabo de tener el honor de recibir su carta, a la que espero corresponder sinceramente. Me preocupa conocer que hubiera algo en mi comportamiento de la pasada noche que no aprobase usted, y a pesar de que estoy bastante lejos de saber en qué punto he podido ser tan desafortunado como para ofenderla, ruego su perdón por algo que puedo asegurarle que ha sido totalmente involuntario. Nunca recordaré la amistad que tuve con su familia en Devonshire si no es con el más grato placer, y me agradaría mucho que esta relación no se rompiera por ninguna falta o malentendido de mis actos. Mi estima por toda su familia es muy sincera, pero si he sido tan desafortunado como para dar pie a que la creencia de que había algo más de lo que yo sentía, o quería decir o expresaba, me reprocharé por no haber sido más cauteloso en mis muestras de dicha estima. Que alguna vez haya querido decir más es algo que usted aceptará como imposible, cuando entienda que mis afectos llevan tiempo comprometidos en otro lado, y no pasarán muchas semanas, creo, antes de que este compromiso se cumpla. Con gran pesar obedezco sus órdenes de devolverle sus cartas, con las que usted me ha honrado, y el mechón de su cabello, que me entregó tan atenta.

Su más obediente y humilde servidor,
John Willoughby

martes, 23 de julio de 2013

LO CONSCIENTE QUE ERA DE SU MALA CONDUCTA

Ella no podía dudar de que hubiera existido algún tipo de compromiso entre Willoughby y Marianne, y que Willoughby se había cansado de él parecía igualmente claro; pero si a pesar de ello Marianne seguía alimentando sus deseos, ella no podía atribuir un comportamiento así a algún error o malentendido. Solamente un cambio de raíz podía explicarlo. Su indignación habría sido mayor aún de lo que era, de no haber presenciado la vergüenza de Willoughby, que parecía mostrar lo consciente que era de su mala conducta, y evitaban que ella creyera que era una persona sin principios, que había estado jugando con los sentimientos de su hermana desde el principio, sin ninguna otra intención que pudiera suponer que se le investigara. La ausencia podría haber debilitado su amor y le habría parecido conveniente olvidarlo; pero ella no tenía ninguna duda de que ese amor existía.

ABANDONADA A LA MISERIA DE SUS SENTIMIENTOS

A pesar de todo no le fue fácil evitar que ella misma le siguiera, y fue imposible convencerla para que calmase su agitación, para que esperase, al menos, manteniendo la compostura hasta que pudiera hablar con él de forma más privada y con más provecho, ya que Marianne seguía incesantemente abandonada a la miseria de sus sentimientos, en un tono bajo, mediante exclamaciones de infortunio.