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IL POSTINO

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lunes, 4 de mayo de 2009

USTED LO SALVÓ (ROJO, ROUGE, 1994)

USTED LO SALVÓ (ROJO, ROUGE, 1994)


Si hubiera tenido un pariente banquero, eso hubiera sido.


La vida como lotería, siempre por tomar la decisión de hacer o no hacer, ocurre algo. En un día, aparentemente apacible, los acontecimientos te imponen un cerco, es ineludible, no hay posibilidad de retractarse, eres conminado a seguir tal dirección, aunque previamente tú hubieras establecido otra ruta, pero es tan increíble que siempre estás a punto de aquello, a punto de ello y haces finalmente esto.

Recientemente se ha dado en México, la genialidad de relacionar el fútbol con la casualidad, el film “Rudo y Cursi” nos adelanta que la vida es un volado, ese juego con la moneda de dos francos, que se vuelve icónica en el film ‘BLANC’ de esta trilogía.

Ante esta amenaza que significa que tus máximas aspiraciones sean truncadas por un inesperado truco del azar, te queda el repliegue, inmunizarte aislándote de todo contacto, como en la novela de Canetti, convertir la biblioteca en un refugio, donde aún así observa el cambio de día a noche, la lluvia, y la alteración del clima, a través del tragaluz. La indiferencia ante toda posible acción humana, es síntoma de que los hechos después de todo tendrán que ocurrir, hay una inercia, y es irreversible, el choque o el obstáculo puede impedir que los pinos del boliche sean totalmente derribados, pero el movimiento impregnado irá sin más a derribar lo que indica o predispone su movimiento, que de ello a un golpe fortuito que proporcione la maravilla o el derribe inaudito es cuestión de una simple aparición o un espíritu, algo inesperado, ese algo que vuelve a cambiar tu vida, provocando la mutación de perspectivas, ese aire ganador que significa el tirar la ropa vieja y el vestirse con esa holgura que te da sentirte a gusto. Aquí recordamos, que en “Blanc” se da el cambio de vestuario, de ser un vagabundo a ser un magnate, y parece ser el motivo la venganza, pero puede ser el cambio de perspectiva simplemente el tomar la vida, venga mal o bien, con un sentido de aceptación o de sueño futuro, de premonición.

Aquí llegamos a que el amigo jugador de naipes, está harto de vivir, y él toma la determinación de que no hay razón para seguir con vida, y espera del destino que él disponga cuándo debe morir, regresamos a ‘Rouge’ para encontrarnos con que el juez retirado es aconsejado con que deje de respirar por si aborrece tanto la vida, luego notamos que en una manera él no desea ser jubilado, o marginado a ser una estatua, y se inventa el juego de juzgar en las penumbras, desde su oscuridad él decide mediante el acto de espionaje quién es culpable o quién es inocente. Él no quiere dejar de ser juez, dejar de ser quién conoce la verdad con antelación, quién presume sin gran margen de error sobre los predecibles actos humanos, y en su juego perverso se burla parodiando qué ya sabe lo que harán tal o cual, y él no es preso del destino, los que lo rodean son quienes están jugando con posibilidades, elecciones, y mientras tanto, se vuelven su teatro de marionetas con inspiración genuina, pero sujetos a que comprueben su Ley. Entonces, acúsenlo, hace algo ilegal, espía, aunque también la niña goza escuchando la conversación de su padre. Lo ha hecho toda su vida, intervenir en las vidas ajenas, querer descubrir esa esencia llamada alma o psique, esa voluntad que conmina a realizar tal determinación de hechos, porque “ese sí mismo” está con sello original de la casa.

Es revelador que las acciones de una persona se englobarán siempre a lo que ha sido su ambiente, si es triste es por eventos donde ha sufrido, si es vengativo es porque ha sido dañado, si se volvió loco es porque no pudo soportar vivir con doble vida y su mente fragmentó la realidad de la ilusión, pero si ya conocen quién es y cómo actúa, sabrán que los espía, y no habrá duda, pero mientras se mantiene en las sombras, él se ríe de todos los diálogos, de cómo se mienten, de cómo fingen esto o aquello, de cómo disfrutan conversar porque se saben no escuchados, y siempre una conversación privada se considera una reliquia, porque los secretos, la vida privada, lo oculto, no debe ser expuesto a alguien ajeno, alguien ante quien uno se sentiría indignado o apenado, y es mejor que se reservase de presentarse como espía, porque el epíteto de ‘sucio’, ‘asqueroso’, será vuelto por una sociedad ya fundada en el secreto, la vida privada, lo oculto.

Cuando un tentáculo de espionaje cruza la intimidad, decide conocer a detalle el proceder de lo que harán los especímenes a juicio, quien espía se vuelve uno más que sabe el secreto y debe mantenerse en ese estado, a costa de ser descubierto. Y es cuando, de pronto, si no quieres enterarte de nada, te vuelves ciego, y dices que no puede ser que te encuentres ante una realidad que no deseas, como cuando Kien busca olvidarse de presencias extrañas cerrando sus ventanas, sus ojos y sus oídos, y no parece ser sino catapultar que lo que se cierra, un día se tendrá que abrir.

La mujer de ‘Rouge’ tuvo miedo de hacerle daño: Usted lo salvó. ¿Qué lleva a ella volverse paladín de la justicia o simplemente conocedora de secretos? Una relación social o acto público conlleva a compartir el secreto de lo que uno desea sea desenmascarado, ajá quiero que sepas esto y aquello, pero me reservo esto, porque si cuentas todo o curas todo, te quedas como el doctor sin enfermos que atender.

Y lo grave es lo que detona el secreto al ser descubierto, te parecerá que las relaciones se distorsionan con la presencia de un agente invasor, la construcción hermética llamada familia ú otra organización, sufre la llegada de quien pone al descubierto su falsedad, en cuanto a asegurar que los fundamentos o bases no son sólidos, se alimentan de quimeras, de chapucerías, pero todo quedaría ordenado bajo una reglamentación interna que buscaría evitar la contaminación y separación inminente de los miembros de la familia ú organización.

Cuando suena un teléfono, de pronto sientes la presencia invasora de alguien, hay una sospecha siempre que se recibe una llamada, y ahora qué pasa, y quién será, qué querrá, cómo cambiará mi ambiente al conocer esto y aquello, y si se cierran ventanas, ojos y oídos, ¿Kien podrá dejar que lo afecte el exterior? Pero ¿qué puede hacer? El futuro viene, y aún aislado, se resiente y resuena, como el sonido o vibración de un móvil o portable.

Y así quien espía es sujeto a sorpresa, al shock que le provoca lo que no quería saber, no es como Dios que deja salir del Paraíso, y ya, quien se vuelve escrutador y conoce el secreto, se amuralla a contener esa maraña de sentimientos que buscan explosión, pero sin embargo, se colocan en el instante que antecede a la reacción, se convierten en el juez y parte, tienen en sus manos intervenir o revisar los hechos desde una silla alta. Y de pronto, la comunicación se vuelve como un entrometerse, un querer saber, y como elemento de juicio es dejar que los especímenes mantengan conversación, espiar hasta lo inesperado, apresar eso que deseabas saber hasta que lo consigas, y concluyas: “Es como los demás, es humano’ o ‘Es la mujer que habías soñado pero demasiado tarde”

Tenemos que la serie de eventos como en ¡Corre Lola Corre! pueden ir desde ese teléfono que suena en su recámara hasta llegar a tiempo o llegar tarde para salvar a su novio. Sabia virtud de conocer el tiempo.

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