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IL POSTINO

IL POSTINO

jueves, 3 de septiembre de 2009

MENTE BRILLANTE (una BEAUTIFUL MIND)

Sabemos que se consagraba a las matemáticas, nos enteramos por boca del propio consejero, y conocemos el púdico origen de esa manía cuyos efectos calmantes ya hemos oído celebrar.

El problema que, día y noche, ocupaba su pensamiento, al cual se entregaba con perseverancia, con tenacidad deportiva, hubiese podido convertir a los desgraciados pecadores.

Ese problema era LA CUADRATURA DEL CÍRCULO.

El funcionario desplazado había adquirido, en el curso de sus estudios la convicción de que las pruebas por las cuales la ciencia demostraba la imposibilidad de esta construcción no eran sólidas, y que la providencia le había alejado de la humanidad inferior del mundo de los vivos y le había transportado aquí al Sanatorio Arkham Asylum, porque le había elegido para transformar ese problema insoluble en una de las posibilidades terrestres.

Trazaba círculos y efectuaba cálculos en todas partes donde se hallaba, cubría cantidades formidables de papel con cifras y rayas, con signos algebraicos, y su rostro bronceado, el rostro de un hombre aparentemente sano, adquiría la expresión de un maniático.

Su conversación se refería exclusivamente, y con espantosa monotonía, al número proporcional pi, a esa fracción desesperante que el genio inferior de un calculador llamado Zacarías Dase había calculado un día hasta la segunda centésima decimal, y eso por simple lujo, porque dos mil decimales no habían agotado las posibilidades de obtener una precisión irrealizable.

Todo el mundo procuraba escaparse de aquel pensador atormentado, pues todos los que él conseguía cazar tenían que escuchar palabras apasionadas destinadas a hacerles ver la vergüenza que constituía para el espíritu humano la irracionalidad de esa proporción mística.

La inutilidad de las multiplicaciones eternas del diámetro por pi, para determinar la periferia del cuadrado, para obtener el área de la superficie del círculo, hacían pasar al funcionario por accesos de duda.

Se preguntaban si, desder el tiempo de Arquímedes, la humanidad había complicado inútilmente la solución del problema, y esta solución no era, en realidad, de una sencillez pueril. ¡ Cómo ! ¿No podía convertirse en recta la línea circular? ¿No se podía cambiar toda línea recta en un círculo?

Algunas veces el funcionario se creía muy cerca de una revelación. Se le veía con frecuencia, a altas horas de la noche, sentado ante su mesa, en el comedor vacío y poco alumbrado.

Disponía cuidadosamente un pedazo de hilo en forma de círculo; luego bruscamente lo estiraba, lo convertía en una línea recta.

Después, apoyado sobre la mesa, se perdía en una meditación amarga.

El consejero le animaba algunas veces al funcionario y hablaba con él. El desgraciado funcionario también se dirigió al joven alemán, una vez, luego otra, porque había encontrado en él una simpatía amistosa hacia el misterio del círculo.

Demostraba al joven alemán el callejón sin salida de pi, por medio de un dibujo muy preciso, en el cual realizando un esfuerzo jamás visto, había encerrado un círculo en un polígono exterior y otro interior, de lados minúsculos e innumerables, con el máximum de aproximación a que el hombre puede llegar. Pero la curva se escapaba de una manera etérea y espiritual a la racionalización y al cálculo.

-Eso (It)- decía el funcionario, con el maxilar tembloroso- eso es pi.

El joven alemán, a pesar de toda su afabilidad, mostraba menos interés por pi que por su interlocutor.

El joven alemán dijo que se trataba de un engaño, aconsejó al funcionario que no se preocupase demasiado seriamente y le habló de los puntos de inflexión sin extensión de que se componía el círculo, desde su principio, que no existía, hasta su fin, que tampoco existía, lo mismo que la melancolía presuntuosa de la eternidad que, sin duración de dirección continúa en sí misma.

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