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IL POSTINO

IL POSTINO

domingo, 1 de agosto de 2010

EL CORAZÓN CURADO

La que yo amo es una hechicera
con la frente púdica, con los largos cabellos castaños;
compañera y hermana, mi musa y mi ama,
ella encanta mis noches y mis mañanas.
Esbelta belleza, sensitiva bonita,
ella tiene el ojo tierno y la estatura que doblega;
yo, el seguidor de los fúnebres cortejos,
estremecí de contento al dulce sonido de su voz,
y en el momento que el amor me electriza,
siempre, en todas partes, yo la escucho, yo la veo;
mi pobre corazón al fin se cicatriza.

Gesto pensativo y que os interesa,
boca de niña sin risas infantiles,
extrañeza hasta dentro de la caricia,
miradas profundas, aterciopeladas y lejanas,
mejilla inquieta y a veces pálida
por el sufrimiento y la melancolía,
cabeza francesa con un aire sueco,
pie de gacela y bonitos deditos
para quién siempre la música es comprendida;
también le amo tanto que yo le debo,
que mi pobre corazón al fin se cicatrice.

Ella llenó mi espíritu de júbilo,
purificó mi arte y mis instintos,
y en este momento, mi alma que progresa
plana encima de los sueños libertinos.
Soy tranquilo, soy casto; ¡yo olvido
eso que yo fui! mi carne está ennoblecida;
yo no soy más el poeta en los ladridos
que estremecían de horror en el fondo del bosque,
yo amo la noche, ya sea ella negra o gris,
y, bendiciendo la poción que yo bebo,
mi pobre corazón al fin se cicatriza.

El destino, ¡por desgracia! es bien traicionero,
pero sonrío a pesar de todo a mis destinos,
ya que, desde este día, al lugar de mi desamparo,
tengo el sabor de los místicos festines.
Todo en el amor que a partir de ahora nos liga,
con la esperanza yo me reconcilio;
en vano el aburrimiento me acecha en secreto,
yo no temo más a este enemigo disimulador:
El escudo contra quién todo se quiebra,
yo lo tengo, ¡para vencer en medio del torneo!
mi pobre corazón al fin se cicatriza.

No temo ningún peligro, ¡esto sería
el Infierno por sí mismo! a mis desafíos altivos
¡Satán se calla! la trampa que él me pone
yo la descubro, y camino a pasos seguros.
Mi voluntad germina y se multiplica;
los sueños azules de los que mi cabeza está ocupada
cazan a lo lejos mis spleens y mis pavores
para hablarme del cielo en que yo creo,
y yo perdone a lo que yo desprecio,
como el Cristo muriendo sobre la cruz;
mi pobre corazón al fin se cicatriza.


ENVÍO

A ti estos versos de los que el Amor hizo elección
¿tú querrías a bien leerlos a veces?
Reina de los dulces ojos de los que mi alma está apasionada,
¡tú me volviste el más feliz de los reyes!
mi pobre corazón al fin se cicatriza.

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