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IL POSTINO

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jueves, 13 de marzo de 2008

El Suicidio , Emile Durkheim , HORLA de Maupassant

No ... no ... no hay duda, no hay duda alguna, ¡no ha muerto! ¡Entonces si él no ha perecido será preciso que yo me suicide!

10 DE SEPTIEMBRE
¿Muerto? ¿Será posible? Su cuerpo, aquel cuerpo que la luz atravesaba ... ¿Podía destruirse por los mismos medios que el nuestro?

¿Y si no había muerto?


Entonces, solo el tiempo puede ejercer su poder sobre el Ser Invisible y Formidable. ¿Era de temer que este cuerpo transparente, desconocido, este cuerpo de Espíritu, estuviese sujeto también a las enfermedades, a las heridas, a los males que nos afligen a los demás, a la destrucción prematura en fin?

¿La destrucción prematura?


¡Todo el miedo de la humanidad es producido por ella!


Después del hombre, ¡el Horla! Después del que puede morir cualquier día, a cualquier hora, a cualquier minuto, por un accidente imprevisto, ha llegado el que no debe morir más que en su día, a su hora, en su minuto, alcanzar el límite de su existencia.

No ... no ... no hay duda, no hay duda alguna,

¡no ha muerto!


¡Entonces si él no ha perecido

será preciso que yo me suicide!


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